viernes, 4 de julio de 2014
Distorisión
Se acomodó encima de mí para hacerme el amor. Comenzó a moverse con más intensidad y yo me eché a reír.
– ¿Qué?–, me preguntó en un tono que sonó a “¿Te parezco graciosa? ¿De qué te ríes?”.
“No tengo idea”, pensé.
–Es que te mueves de forma increíble–, le respondí.
Al parecer satisfecha con mi respuesta, siguió con lo suyo.
Y en mi recuerdo, distorsionado por el largo tiempo que ha pasado desde aquel día, yo veía mucha gente hacinada en la puerta de la habitación, riéndose de nosotros y esperando su turno para entrar.
martes, 20 de mayo de 2014
Colgó los tenis.
Y para colmo...eran prestados.
Un joven de 19 años fue atropellado por un microbús al tratar de ganarle el paso en el cruce de Eje 4 sur y Calzada de la Viga, en la colonia Santa Anita, delegación Iztacalco. Un familiar del occiso declaró en el lugar de los hechos que su primo iba a unas pruebas de atletismo en la escuela, para lo que le había pedido prestados sus tenis.viernes, 27 de septiembre de 2013
Tus ojos curiosos.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Camila y yo nos conocimos.
Ya vi a Camilia, la cargué, la acaricié y hablé con ella. Le dije que la amo, que amo a Talia y que Talia también la ama. Le hablé de toda la gente que la espera, que quiere conocerla y de cómo recibirá cariño por todas partes. Mientras le agarraba sus piecitos le dije que es hermosa, increíblemente pequeñita y perfecta, y ella sonrió. Quiso abrir sus ojos para verme, pero le ganaba el sueño. Entonces le hablé de las cosas hermosas que verá y escuchará, y las maravillas que Talia y yo le mostraremos, y ella acercó su cabecita hacia mi pecho. Al final le conté un fragmento del primer libro que leí y que me marcó para siempre.
martes, 19 de abril de 2011
La furia del mar

El mar, el poderoso mar. Una pequeña playa. El malecón. La calle. Un hotel. Algunas noches, la marea sube tanto que la playa desaparece y las olas golpean el malecón con fuerza, salpicando la calle hasta anegarla.

martes, 17 de febrero de 2009
Fraude mágico
domingo, 8 de febrero de 2009
Ausencia

Cuando fui a verlo en su lecho de muerte, mi padre agonizante no me reconocía, después de que todos le explicamos quién era yo me invitó a sentarme junto a él.
Se disculpó diciendo, - No te conozco, no sé quién eres, ¿sabes tú quién soy yo?
-Mi padre,- le respondí.
-No, ¿quién soy en realidad?
Me explicó que no nos conocíamos porque cuando yo nací, fue la primera y última vez que estuvimos juntos. Entonces hice memoria y no pude recordar un solo momento junto a mi padre.
-¿Por qué? Ésta es tu casa, aquí has vivido siempre.
-No, nunca viví aquí en realidad.
-¿Tenías otra familia?
-No tengo nada.
-¿Nos abandonaste?
-Tal vez, pero sin intención.
Me contó la historia de lo que sucedió, o lo que a él le parece que sucedió, y que en todo caso, explica perfectamente su ausencia en casa y en mis recuerdos.
Nací en la madrugada del día en que mi padre entraba a su nuevo empleo. Me contó que barriendo los andenes ya había juntado un montoncito de tierra y basura cuando llegó un tren. Se detuvo con su mechudo esperando a que terminara de pasar la gente y cuidando que no patearan su montoncito. Para cuando toda esa gente terminó de pasar ya había llegado otro tren. Mi padre se quedó ahí, cuidando su montoncito, detenido, sin poder hacer nada más, toda su vida, hasta que un día enfermó y lo trajeron de nuevo a casa.
sábado, 17 de enero de 2009
El triunfador

Tengo vocación de fracasado, toda mi juventud intenté serlo pero finalmente, al igual que muchos otros, cedí a la presión social y renuncié a mi verdadera vocación en favor de la seguridad económica y familiar. Pero ahora que mi esposa murió y mis hijas están lejos, nada evitará que sea lo que siempre he querido ser.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Ahogado
domingo, 4 de mayo de 2008

Cables de acero entorchado se extienden desde diferentes puntos del infinito, a la velocidad de la luz, con rumbo fijo.
El piso era de madera vieja, cada paso crujía y el eco sonaba en todo el recinto, obligándonos a guardar un silencio solemne. Al centro, tres cruces formidables, cuyas vigas eran de acero, habían caído hace incontables años, abandonadas por un Cristo y dos ladrones gigantescos. Nosotros caminábamos por los cubículos que las rodeaban, mirando trozos de cristal o rollos de ropa vieja, prensados entre vigas de acero montadas en caballetes también de acero, jaulas de ave aún sin ocupar, almacenadas en una vitrina, polvo de café, con aroma a café, que caía de un péndulo movido por el viento. Al fondo, un tronco enorme y desprovisto de corteza, colgaba de una cadena sujeta al techo, a unos centímetros de su base, una mesa de madera petrificada esperaba eternamente la conclusión del rito. De pie frente a la mesa, observando el tronco que pendía como un cuerpo amputado, comprendí que aquello era un altar, y en ese momento, los cables de acero entorchado me atravesaron en diagonal, de lado a lado, de arriba abajo y continuaron sus caminos desde diferentes puntos del infinito, a la velocidad de la luz, con rumbo fijo.
martes, 29 de abril de 2008
El claustro

Tamborileo los dedos sobre la mesa de madera tratando de recordar dónde estoy y por qué estoy aquí.
La silla es de madera y creo que el suelo también; me agacho: sí, también. Tamborileo.
¿Será la pared? Me levanto y camino despacio con las manos extendidas, tanteando: sí, también. Vuelvo cauteloso hasta la silla y me siento. Tamborileo.
¿Habrá puerta? ¿Será de madera? Recorro completas dos de las paredes y a mitad de la tercera encuentro la puerta: sí es. Busco mi silla con cuidado. Tamborileo.
¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí? Tamborileo.
Regreso a la puerta y la abro; la luz me deslumbra pero me acostumbro poco a poco. Al fin puedo ver: ¡claro, ya recuerdo! Cierro y vuelvo despacio a mi silla. Tamborileo...tamborileo.
miércoles, 25 de julio de 2007
Ritual sagrado
En una mano la pala, en la otra el pico, a cuestas el cadáver. Subió la colina en un ritual que angustia, que pesa, que cansa, que no consuela, pero que es necesario: enterrar a tus muertos con tus propias manos, golpear con fuerza la tierra.
martes, 17 de abril de 2007
Insomnio
lunes, 12 de febrero de 2007
Mariposa
miércoles, 7 de febrero de 2007
Ella
lunes, 5 de febrero de 2007
Hace 20 años

(Mafalda nació hace unos 45 años, esto imaginé que habría pasado unos 20 años después, finales de los 80 principios de los 90, por ahí)
Manolito no posee una cadena de súper mercados, pero sí tiene algunas mini tiendas de auto servicio que abren las 24 hrs. Él mismo atiende una de ellas. Tiene mucho dinero y no, no paga sueldos estupendos.
Felipe estudió diseño gráfico, trabaja por su cuenta y no le va tan mal, le iría mucho mejor si no pasara tanto tiempo dibujando historietas que se propone, a como dé lugar, publicar algún día.
Miguelito estaba estudiando leyes, pero dejó por la música. Al pobre le va mal, pero está muy feliz y satisfecho.
Los tres se ven frecuentemente y para que no duden del buen corazón de Manolito, sin que Miguelito se lo pida, le ha prestado dinero muchas veces y no piensa cobrárselo nunca.
Libertad es una escritora muy reconocida en la comunidad intelectual de Argentina y de México, país en el que radica desde hace muchos años. También tiene mucho dinero y un perro más grande que ella.
Mafalda y Susanita siguen siendo muy amigas, las dos son comunicólogas y estudiaron juntas en la universidad de Buenos Aires.
Susanita es editora de varias revistas femeninas, no se ha casado, pero es guapa, inteligente, una mujer exitosa y gana muy bien, tiene muchos pretendientes.
Mafalda no ejerce, es ama de casa; se casó con un maestro de la universidad, tiene un hijo y en su tiempo libre organiza jornadas culturales y de educación sexual para jóvenes.
Guille es director de Microsoft Argentina. Quiere mucho a Mafalda y siempre está pendiente de que no le falte nada ni a ella ni a su familia. Su papá vive con él, su mamá falleció hace muchos años.
Quizá no sean lo que muchos esperábamos que llegaran a ser, pero que levante la mano quien es lo que sus padres esperaban que fuera. Agradezcamos que ninguno de ellos es político y que se ganan la vida honradamente a excepción de Miguelito que no se la gana, el pobre, pero está muy feliz.
Conclusiones
Tras una larga y agotadora investigación en la que hice experimentos concienzudos, anotando los resultados con precisión obsesiva, para después analizarlos con la objetividad y agudeza que me caracterizan, y por las que soy bien conocido entre la comunidad científica cercana a mí; he llegado a la conclusión irrefutable de que las hormigas comparten un antepasado evolutivo con los gatos: No importa desde qué altura las deje uno caer, siempre caen de pie.
jueves, 1 de febrero de 2007
La lagartija

(Carta a mis amigos en un momento en el que no podía estar mejor)
Hoy me siento muy contento. Me levanté muy temprano pero muy tarde para mis planes. Revisé mi trabajo por última vez antes de ir a entregarlo y corroboré una vez más las sabias palabras de Anthony Hopkins: "¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo, señor Hopkins?" "Terminarlo."
En el metro traía media sonrisa en la cara, cuando cruzó por mi mente la idea de que más bien traía cara de estúpido me dio un ataque de risa. Y allí iba, ríete que te ríe como loco, como si me hubiera acordado de algo muy chistoso, pero en realidad me estaba burlando: qué cara de estúpido llevaba. Menos mal que me empecé a reír.
Vi como a cuatro mujeres que eran peligrosas porque no sé lo que haría por estar con ellas, seguramente nada, porque no hice nada.
El camionero no tenía cambio de veinte pesos y me dejó subir sin cobrarme, pero un señor muy acomedido me cambió el billete para que no me quedara con la angustia de no haber pagado mi pasaje.
Otro señor, alto, flaco, cabello canoso bien peinado, iba caminado delante de mí cuando le salió al paso una lagartija de color muy bonito, verde claro; el señor brincó y la lagartija corrió siguiendo su camino, ¿quién se habrá asustado más?
Vi sonrisas por todas partes, o para ser más preciso, todo lo que vi me provocó una sonrisa. No tengo dinero, ¿habré encontrado respuestas a mis inquietudes ontológicas y cosmogónicas? No, tampoco. ¿Entonces? ¿No me iré a morir? Porque si hoy me muriera, no sería tan terrible.
martes, 30 de enero de 2007
lunes, 29 de enero de 2007
Paso redoblado

(Carta a mi primo Monchis en respuesta a una anécdota que él me escribió acerca de ciertos personajes extraños que encontró en Brucelas)
Con tu fantástica historia del príncipe Valiente, has dado pie a que te cuente una historia algo más fantástica, se trata de un descubrimiento que hice acerca de ciertos individuos que deambulan en esta comosalidadecuentosdehadas Ciudad de México.
Comencé a observarlos con interés cuando uno en particular llamó mi atención. Marchaba con paso redoblado, cantaba el himno nacional y antes de cruzar cualquier calle se detenía en firmes y saludaba en alto. Después me enteré que la última vez que tuvo un pensamiento cuerdo fue en 1860, y que luchó en la guerra contra Francia, donde servía al ejército mexicano en una división especial y secreta. (A poco no empieza a ponerse interesante).
Tras mucho observarlos me di cuenta de que estos hombres y estas mujeres harapientas están rodeados de un aura de misticismo.
Paseaba a la Tacuba por el parque cuando nos encontramos con uno de ellos. Mi perra comenzó a ladrar frenética, yo trataba de calmarla y alejarla de ahí a jalones, y el buen hombre, con toda tranquilidad, comenzó a murmurar y a buscar algo entre el revoltijo de trapos que llevaba encima a modo de vestido. Después me enteré que la Tacuba tuvo suerte, y quizá yo también de que no encontrara lo que estaba buscando. Te doy un par de pistas: buscaba una vara de cristal. El cristal es un poderoso componente. (A poco no ya se puso interesante)
El Fester caminaba rumbo a la parada del micro cuando vio venir a uno de ellos, él también vio al Fester y sus miradas se encontraron y se reconocieron. Al Fester se le erizaron los pelos y ambos bajaron la mirada de inmediato. Al mismo tiempo ambos volvieron a echar un vistazo poco antes de cruzarse, sus miradas se encontraron y se reconocieron y las bajaron otra vez, pasaron de largo: el Fester, delgado, 1.76, pantalón de mezclilla negro, sudadera negra, mochila a la espalda, manos en los bolsillos, cabello largo, negro y ensortijado, barba de candado. El otro Fester, delgado, 1.76, pantalón de mezclilla harapiento, gabardina harapienta, manos en los bolsillos, cabello largo, gris y ensortijado, barba abundante y desarreglada. Algunos pasos después de cruzarse ambos miraron atrás, sus miradas se encontraron y se reconocieron, volvieron al frente de inmediato.
En la esquina hay un negocio de marcos y de pasada venden obras de pintores y dibujantes desconocidos. Hay un pintor en especial que se dedica a dibujar al carbón hombres de los que te hablo. Los hace greñudos, pelones, viejos, otros no tanto e incluso algunos parecen jóvenes. Pero todos tienen en la mirada algo que me trajo a la mente una idea descabellada pero tan nítida, real y lógica que no dejaba lugar a dudas. Como el Fester es mi amigo, y el otro Fester lo reconoció, supuse que a mí también me reconocería y comencé a buscarlo. Lo encontré, Monchis, lo encontré, me reconoció y obviamente sabía que lo estaba buscando y que lo encontraría.
Esto es lo que ahora sé y que quizá tú ya sospechas: Hechiceros, algunos de ellos milenarios, el poder de la magia y los hechizos que guardan en sus cabezas ha hecho añicos sus mentes y sus recuerdos, y no deja espacio para nada más que alguna idea vaga de quiénes fueron.














